miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Bretón que (de)pende de cada uno

El "España no va bien" también funciona.
Se impone la moda del espectáculo y por eso se habla de lo anecdótico incluso en los espacios de supuesto análisis riguroso de la actualidad.

En una sociedad a la deriva ya no causa estupor que los diarios nacionales incorporen en sus portadas las tristezas de un futbolista multimillonario. ¿Cómo va a sorprender que dediquen amplios titulares al monstruo que mató a sus dos hijos por despecho contra su mujer?

Seré más claro todavía: el caso de José Bretón es una anécdota. Por supuesto que es una tragedia horrorosa para sus familiares y sus vecinos. Pero no debería haberse convertido en un asunto de Estado. Básicamente porque lo que a la gente le interesa es el morbo y el morbo es un pasatiempos.



En mi opinión, hay dos asuntos que pueden llamar al debate. Por un lado, la infructífera reflexión sobre la maldad del ser humano con esa pregunta que todos nos hemos hecho (sí, yo también, claro): ¿cómo es capaz alguien de llegar a este extremo? En mi opinión, incrustar este debate milenario (ay las tragedias griegas) en el escrutinio de la realidad inmediata sólo puede derivar en dos consecuencias: enmascarar temas de la actualidad que sí requieren una intervención social y, por otra parte, trivializar la calidad del debate, un debate al que, desde luego, poco tienen que aportar los pluriempleados contertulios y articulistas.

El propio curso de la actualidad ya genera sus propios debates: ¿cómo paliar los inevitables errores policiales o periciales? o el consabido ¿qué solución social se le da a un psicópata criminal?

Señoras, señores, criminales como José Bretón los ha habido a millares. Y los habrá. De hecho, mientras todo el mundo se cree que es el enemigo número uno, quizá alguno de su misma estampa haya salido en libertad antes de que se cumpliera su condena. ¿Y acaso sabemos qué beneficios ha causado el sistema carcelario y los posibles tratamientos psiquiátricos en el asesino repuesto en circulación?

Pero no es el único debate que me deja perplejo. Hay políticos, por cierto del mismo partido, que pretenden negar la libertad a un preso enfermo de cáncer por ganar puntos en las encuestas. Para colmo casi todos militan en el catolicismo más visceral.

Ya sé que ahora tendría que enumerar más casos de éstos que enturbian el panorama mediático. Pero como sólo pretenden llenar de mierda nuestras vidas, permítanme tener aseado este blog en la medida de lo posible.

Mientras nos sigamos creyendo que nuestro principal problema se llama Bretón, no echaremos de menos el pecado original.

Por cierto, ahora mismo hay un debate que no arranca y que es capital en nuestras vidas: ¿cuándo decidiremos que los gobernantes se ocupen de los asuntos humanos y no tanto de las variables macroeconómicas incluyendo primas, rescates, déficits y demás engaños?

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