domingo, 14 de agosto de 2011

Cine de verano: buena añada Vol. 1 (Los pitufos y El origen del planeta de los simios)

Olvidad el cartel y perded la vergüenza.
Cosas de mi legendaria suerte. Me fui en busca del Norte y me pilló de lleno la época de temporales y bajadas de temperaturas y cuando he bajado al Sur me ha tocado asistir al renacimiento de un verano, que algunos ya daban por muerto.

Quizá por eso he estado más atento a la cartelera y para mí sorpresa me he encontrado con más de una joyita. Como el calor me da mucha pereza y, además, voy falto de horas de sueño, voy a colar todo el material que he visto con una mera opinión sobre las películas. Después de más de 300 críticas escritas, la gran mayoría redactadas por amor al arte, creo que me puedo permitir esta ligereza.

Voy a espantar a los cinéfilos con uno de los primeros films veraniegos que me vienen a la mente: Los pitufos. Estábamos en un pueblo con sólo un cine. Y la única película era ésta. Y hacía frío y no daban ganas de pasear ni de tomarse un helado y mucho menos de acercarse a la piscina. Así que pitufamos al cine.

Mi gran error: leer unas cuantas críticas en inglés y español. La mayoría eran reseñas de compromiso, puros ejercicios de redacción cansinos, sin motivación. Me llamó la atención una en castellano que acusaba al film de "demasiado infantil". Lástima no recordar el nombre del crítico cuya opinión me pareció "demasiado idiota".

Por fortuna, la vi en 2D. En la película había algún escorzo forzado, pero no demasiado. Se podía ver sin tener la sensación de asistir a un espectáculo frustrado por no tener las dichosas gafas.

El principio me gustó: el universo del cómic con reminiscencias a la aldea de Astérix (conexión que jamás había establecido antes de ver la película, quizá porque los tebeos empiezan in media res). estaba plagado de estos adorables muñequitos, todos parecidos pero diferentes, con las texturas de los gorros y los pantalones muy trabajadas. Había dinamismo en la aldea. Y luego, un Gárgamel humano muy convincente. Quizá el gato habría estado mejor en formato animado (no me recordaba a Azrael), pero tampoco nada de objetar.

Lo extraño viene cuando los cinco pitufos protagonistas se ven abocados al Nueva York actual. Las primeras tomas en Central Park dan muy mala espina, aunque enseguida que interactúan con humanos se nota el milagro de la tecnología y el buen trabajo del equipo técnico. También los actores, sobre todo el Barney de "Cómo conocí a vuestra madre", un auténtico crack de la comedia. La irrupción de Gárgamel es lo mejor de la fiesta: Hank Azaria está sobresaliente en un papel complicadísimo.

A medida que la película avanza, el guión sabe componérselas para entretener y divertir, sin demasiadas trampas. ¿Infantil? Pues claro. ¿Acaso se debería criticar a una farmacia por vender biberones?

Dicen que los fans del cómic andan decepcionados. Yo creo que la película va más allá que el cómic y se inscribe en otras coordenadas. Y eso está bien, porque son dos realidades complementarias.

Más completa me parece El origen del planeta de los simios. La verdad: me esperaba un fiasco. En cambio, lo que se puede ver en las salas en la segunda mejor película de la larga (demasiado) saga que se encabezó con la sobresaliente película de Franklin J. Schaffner, que mejora la novela honónima de Pierre Boulle.

Se le han puesto peros a los efectos especiales de los simios cuando dan sus tremendos saltos sobre el mobiliario urbano. A mí no me parece que haya tanto desequilibrio entre las imágenes reales y la humanización de los simios, tanto cuando se trata de animales como de captura de imagen de actores como Andy Serkis, especialista ya en estos lares con su espectacular trabajo con Gollum y, un poco menos, con el King Kong de Peter Jackson.

Misión cumplida. Aprende, George Lucas.
La película sigue la estela de films como Batman Begins y Iron Man, pero al contrario que éstas la inmersión en el personaje protagonista, el simio inteligente César, combina la introspección psicológica y la acción (y el suspense) de tal manera que la película se despega enseguida del prejuicio de producto veraniego.

Sin palabras, el espectador entiende la psicología de César y todas sus aristas con una claridad meridiana. Asistimos, pues, al nacimiento de un personaje clave en la saga sin saber si se trata de un protagonista o un antagonista.

El final llega de forma muy abrupta y al espectador le sabrá a poco. De todas maneras, con los días, lo verá coherente y soñará con la siguiente entrega.

Si ya resulta complicado asistir al crecimiento vital de un personaje humano (no todas las películas que lo intentan lo consiguen), eso de alcanzar el alma de un chimpancé especial no puede ser fruto de la casualidad sino de un guión y una realización al nivel de la excelencia.

Para colmo, la historia de César se puede entender como una subtrama y, al centrarnos en el joven investigador disfrutar de una película muy distinta. Y si no tienes bastante con dos lecturas, ahí tienes el germen de una rebelión de homínidos tan bien estructurada que podría pasar por un experimento sociológico. Lo dicho, un film que ya es leyenda.

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