jueves, 19 de diciembre de 2013

Se toca o se teclea...

La derecha intelectual arriesga siempre (ironía).
Me da rabia leer un título que termina en puntos suspensivos. Me han educado para echar pestes de un signo como otro cualquiera y por más que lo racionalizo, el mal ya está hecho.

Bien mirado es el signo de puntuación más infrautilizado de la historia. A la gente le da vergüenza usar los tres puntitos seguidos, porque parece un recurso fácil, infantil, propio de adolescentes que empiezan a enviar SMS o what's lo que sea.

¿Por qué? Muy fácil: porque lo usamos todo el tiempo... en el lenguaje oral... sí, cuando hablamos... esto... cuando ponemos el idioma en movimiento...

Estéticamente son feos, pero para feo, el ABC. Es, según mis estimaciones, el diario más feo del mundo (con permiso de la cabecera de 20 minutos).

Además, molesta su insistencia en no mejorar: coges uno de ayer y otro de 1945 y no hay manera de distinguirlos. Misma estética, misma línea editorial... Son exactamente iguales, salvo por las firmas, aunque hay que decir a favor del longevo folleto que algunos apellidos se repiten misteriosamente a lo largo de las décadas.



De todas maneras, el objeto de este artículo es señalar la inteligente gestión que han hecho desde ABC de la consabida lista de mejores libros del año.

Ellos, en lugar de complicarse la vida como el País y sus 25 canditados a mejor novela, han escogido directamente un top 10.

La primera novela es de Alice Munro, una premio Nobel, que "todo el mundo" quiere leer y que casi nadie conoce. La segunda, un James Salter de 1975, ¡hallazgo!, y la tercera, la última obra del novelista norteamericano de moda, Richard Ford.

Bien, porque nadie puede discutir el reparto de los metales nobles. Una premio Nobel, un escritor consagrado y redescubierto, y el nuevo Tom Wolfe (o DeLillo) de las letras estadounidenses.

Este poderoso podio da pábulo a los redactores de la lista, o acaso, los seleccionadores, porque tampoco es que se hayan esmerado reseñando los títulos, para introducir nuevos nombres de la novela negra que sorprenden porque no entran en las quinielas de la crítica, bastante agenérica en este país, y porque relegan al octavo puesto a valores seguros como Limónov, del prolífico e iluminado Carrère.

La lista suscita tan poca polémica que asusta, aunque se extraña la presencia de algún escritor en lengua española. Vamos, que a mí el conjunto final me parece una dorada. Por el centro puede deslumbrar, pero tiene cabeza y cola de pez. Al final, sólo es un pez.

Además, y éste es el verdadero leit-motiv de todo el artículo, me revienta que se presenten las listas de lo que sea en forma de diapositivas que necesitan de un golpe de teclado o de una cariñosa caricia táctil para cargar página tras página hasta llegar al final.

Es un proceso lento. Supongo que quieren jugar con el suspense, pero sólo acaban venciendo a la paciencia del generoso internauta. Me parece un retraso y un innecesario y pesadísimo tributo al mundo de la imagen.

Casi te dan ganas de comprar la versión en papel para que te den la dichosa lista de una vez y sin listas de espera.

Las pruebas del delito están en la lista de ABC.

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