viernes, 14 de junio de 2013

The Pet Shop Boys, su último concierto y mi eterno dilema

Personalmente, aunque no me considero un experto en el llamado synth-pop, que es un estilo de música en el que predominan las cajas de ritmos y en el que los sintetizadores, los teclados, los samples y los efectos de sonido tienen un protagonismo absoluto, nunca he escuchado, ni por asomo, un álbum que iguale al segundo peor LP de los The Pet Shop Boys.

Sospecho que no queda nadie con interés en el pop que los desconozca, pero por si acaso les puedo apuntar (sin Wikipedias de por medio) que desde mediados de los ochenta se han reinventado a sí mismos, siempre con un pie en las pistas de baile y otro en las canciones de tono crepuscular, reflexivas e incluso melancólicas.


Para mí gusto sólo cuentan con un disco abominable, Bilingual, aunque pocos hemos escapado a tatarear aquel estribillo con inclusión de la frase en portugués "Se a vida e... I love you".

Y, por si a alguien le interesa, mis discos predilectos son Please, Actually, el primero y el segundo respectivamente, aunque por en medio hay un LP de versiones del primero, Disco, que, por cierto, fue mi primera adquisición musical. Más reciente es Fundamental (2006), seguramente de lo mejor de la banda (y el anterior, Yes, tampoco está nada mal). Renglón aparte merece su banda sonora para El acorazado Potemkin, una maravilla. Su partitura para ballet me parece más cuestionable y es probablemente lo más elitista del grupo.

Para la crítica especializada, Behaviour sigue siendo su mejor obra y uno de los mejores discos de los noventa. Aunque también se trata seguramente del trabajo más triste y lento del dúo.

Otros discos de referencia son Very, con joyas como Dreaming of the Queen e himnos mucho más conocidos como su versión del setentero Go West, que hizo despertar las filias y fobias en contra y a favor de su orientación sexual. Aunque The Pet Shop Boys nunca han necesitado salir del armario ni dirigirse a un público exclusivamente gay como tampoco abominar de ello.

Su última gira, la actual, les está llevando por todo el mundo: parte de Centroamérica y Sudamérica hasta principios de junio, luego China, y ahora en Barcelona por partida doble (en el vídeo un concierto totalmente opuesto a los que están programados este verano).

Durante la sesión inaugural del festival Sonar demostraron muchas cosas, pero yo destaco dos:

-La edad sólo perjudica a los grupos ramplones o poco profesionales.

-Su espectáculo no tiene más fisuras que el tema Invisible, uno de los más deprimentes de su carrera, estratégicamente situado en el ecuador del concierto antes de pasar a desplegar gran parte de sus hits y poner a bailar a todo el mundo.

Si bien, su gira viene anunciándose como la presentación del nuevo disco, Electric; de éste, aún por publicar, sólo tocan dos temas. Así que ojo con las notas de prensa, porque no siempre obedecen a la realidad por más que proliferen por todas las webs que copian a discreción.

El repertorio tira más bien a clásico y se pueden escuchar temazos del grupo como Rent, It's a Sin, Suburbia, la odiosa Domino Dancing (pero bailable a más no poder), Oportunities, etc. Y también joyas tapadas como Leaving y Fugitive, pero con la trayectoria del grupo no creo que haya ningún fan que quede totalmente satisfecho.

Más bien se trata de un repertorio dedicado a advenedizos y nostálgicos por igual, aunque se atrevan con temas recientes como A face like that (otra rompepistas) y I get excited, uno de los temas descartados más conocidos del grupo y que sacaron con buen criterio en el doble CD Alternative.

Llama la atención, aparte de los efectos visuales y las coreografías de dos únicos bailarines, el tempo acelerado de los temas que casi siempre se despliegan sin interrupción. Aparte, claro está, los surrealistas "disfraces" de Neil Tennant y Chris Lowe con su ya habitual despliegue de sombreros cónicos, robóticos y, para sorpresa de muchos, tribales (casi demoníacos).

Llega el momento del pero de un concierto de unos 100 minutos que apenas rebajó su intensidad y que obligó al público a no despegar los ojos del escenario, una experiencia  nueva para mí, que nunca había visto tanta expectación continuada en el público.

El caso es que The Pet Shop Boys ofrece un maravilloso espectáculo y Neil Tennant canta de maravilla, pero no tocan música. Casi todo está pregrabado. Es una incógnita saber cuántas notas toca Chris Lowe tras su sintetizador, pero seguro que se podrían contar y esto me produce un dilema ético.

El sonido de los samples emociona, pone la piel de gallina incluso, sobre todo con versiones como Always on my mind, pero se me revuelve el estómago cuando Tennant y Lowe abandonan el escenario para cambiarse y la música sigue sonando.

No lo puedo remediar. ¿Hasta qué punto es un concierto y no un recital de Tennant como cantante y una performance del grupo como creador de melodías y ritmos imbatibles, sugerentes y algunos incluso ya legendarios?

Un punto negativo en mi casillero es haberme colado una versión de Bruce Springsteen, Last to die,  y no haberme enterado hasta verlo en una nota de prensa de Efe. Y es que parece que no estar doctorado en el Boss, capaz de tocar tres días seguidos sin repetir apenas repertorio, es un pecado. Pues espero que mi confesión me redima como reza la canción It's a sin.

NOTA: Lista de temas aquí.


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