domingo, 14 de abril de 2013

Cerco a la Humanidad (son tres días y medio)


Estoy convencido de que los autores de ciencia ficción que están trabajando en obras en las que la Tierra, el Cosmos o cómo lo llamen se rebela contra el ser humano pronto se quedarán desfasados.
Ya hace mucho tiempo que las alergias se han apoderado de nuestros cuerpos: las personas libres de esta pandemia se cuentan con los dedos.

Nuestros sistemas respiratorios responden paradójicamente peor que en los tiempos en los que la medicina era poco más que un experimento. Igual que los corazones, la circulación, los huesos.

Lamentablemente, en la gente mayor se aprecia perfectamente cómo el cerebro no resiste a los intentos del ser humano por vivir más años. El principal órgano que regula todos nuestros actos se atrofia sin remedio.


Está también el cáncer, que tal y como lo pintan los estudiosos, poco más que elige a sus víctimas de entre las personas destinadas a vivir muchos años. A menudo se asocia la aparición de tumores malignos con hábitos malsanos, pero por desgracia no se puede predecir a quién le afectará. Es la más cruel lotería.

Además, tenemos las enfermedades psiquiátricas que cada vez comen el terreno a lo que antes se calificaba de trastorno psicológico pensando ingenuamente que bastaba con hablar los problemas para que se disipaban. Cada vez afectan a gente más diversa y de todas las edades. Casi todo el mundo está expuesto a sufrir una depresión y pocos se libran del alcance de la ansiedad. No sé por dónde andará la media de años de medicación que debe sufrir un depresivo, pero los hay que llevan ya varios lustros de tratamiento y son y serán depresivos de por vida.

Esto en cuanto a la biología humana, pero por otra parte se yerguen sobre el futuro de la Humanidad amenazas que ponen en riesgo la continuidad de la vida, a día de hoy la única posible vida humana que se conoce. Es el deshielo de los polos, la capa de ozono, la deforestación, la desertización, la desaparición de especies animales, las teorías sobre el cambio de polarización de la Tierra y un largo etcétera que tiene un aquí y ahora palpable: el cambio climático.

Por eso, yo no creo que nos estemos cargando el planeta. Todo lo contrario: Gaia, nuestra Madre Tierra, se está defendiendo y pongo por testigos a los tsunamis, tornados y meteoritos que la Naturaleza cuenta y contará con todos los recursos posibles para eliminar a las mujercitas y hombrecitos que no se portan bien de un plumazo. Claro, que por el camino quedarán los cadáveres de los magnates de la globalización y de los activistas de Greenpeace. Todos unidos en la armónica serenata de la muerte.

No, la Naturaleza no hace distinciones.

NOTA: Para reflexionar sobre este tema con un dramatismo tolerable recomiendo dos películas notables y muy distintas, El incidente y la reciente Los últimos días.

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