domingo, 18 de mayo de 2014

El derrumbe de una era en clave de fútbol

Mensaje subliminal para catalanistas y españolistas.
Recuerdo tiempos remotos en los que un entrenador de fútbol que consideraba que había fracasado presentaba su dimisión. En aquella misma época, se marchaba un presidente si no conseguía hacer vibrar a la afición, o, al menos, no ganaba títulos. Los más cobardes se resistían a morir y cortaban algunas cabezas para ofrecer una ilusión de cambio.

Entonces, también, los jugadores de fútbol se arriesgaban el físico en cada balón disputado. En el caso del baloncesto ocurría lo mismo. Un último minuto duraba siglos, porque nadie arrojaba la toalla y el marcador podía variar hasta el último momento. He visto partidos últimamente en los que el equipo que perdía por seis puntos daba por perdido el encuentro con minuto y pico de tiempo restante.

Ayer, el Atlético de Madrid se proclamó campeón de Liga, y a todo el mundo le pareció bien, porque teóricamente es el triunfo del pequeño contra los Goliaths, el Real Madrid y el Barça. La frase más repetida es: "¡Se lo merece!"

 La realidad es más compleja: ni los colchoneros son tan pobres ni realmente ha sido tan superiores en esta Liga. David Villa, el segundo delantero del equipo del Manzanares, cobra 4,5 millones de euros netos, por citar un ejemplo, y hasta el último partido no se ha decidido el campeón, por lo que de haber ganado la Liga el Barça nadie podría decir que no se lo merecía. Llama la atención, eso sí, que el Real Madrid haya perdido siete puntos en los últimos partidos contra rivales menores y que el Barça haya dejado de ganar nueve desde el 14 de abril: tres empates y una derrota contra el ¡Granada! No olvidemos el ridículo que hizo su entrenador. el Tata Martino, tras el penúltimo empate, cuando declaró que la Liga estaba perdida, a pesar de que 24 horas después, una pifia de sus dos directos rivales colocaba al equipo que le da de comer con muchas opciones de quedarse con el campeonato.

Lo que ha ocurrido en el Barça es la consecuencia de tres años de nefasta gestión y dirección deportiva errática. Hace tres años que el equipo empezaba a notar sus primeros signos de debilitamiento, sobre todo en defensa, y sólo se trajo a un lateral, Jordi Alba (pero se fueron dos más), a un centrocampista defensivo nefasto, Song. Paralelamente, Sandro Rosell se jugaba el puesto en la presidencia con el escándalo del traspaso multimillonario de un mediapunta pequeño y habilidoso más, el enésimo en la plantilla, Neymar, que no ha demostrado nada, y que es está entre los cinco jugadores mejor pagados de la Liga a pesar de su juventud. A todo esto, el secretario técnico, Andoni Zubizarreta, no dimite ni es destituido a pesar de no haber sido capaz de encontrar un defensa central durante tres año en ninguno de los cinco continentes; Bartomeu, el presidente puesto a dedo por el dimisionario Rosell, no piensa convocar elecciones, y al técnico Martino, al que trajo Messi y al que no le han dejado trabajar ni le han traído los refuerzos que necesitaba, le obligarán a irse voluntariamente váyase a saber por cuánto dinero.
Urdangarin, sufriendo en Suiza.


Excepto los sabios de las barras de bar, nadie de los millonarios directivos del Fútbol Club Barcelona previó en tres años que la plantilla que ganó tantos títulos se estaba haciendo mayor y que, sin refuerzos, el cansancio, los años y las lesiones pasarían factura. Menos mal que el aficionado no tiene ni idea del mamoneo general que suponen los traspasos de futbolistas. Ríanse de las comisiones que hacen que un kilo de naranjas aumente su precio un 1.014 por ciento desde que sale del campo hasta que acaba en la cesta del consumidor. Y nadie paga los excesos y abusos.

Es lo normal en un país en el que los clubs de fútbol con deudas estratosféricas no reciben sanción alguna o en la que los futbolistas que intentan engañar al Fisco pagan millones de euros de multa y aquí no ha pasado anda.

Lógico cuando un torero mata a un señor que conduce tranquilamente por la carretera y tarda dos años en ir a prisión y, seguramente, saldrá en pocos días porque es un privilegiado. Léase también el caso de las folclóricas que defraudan a Hacienda y el de los famosos delincuentes en general.

Absolutamente racional teniendo en cuenta que Iñaki Urdangarin, que acumula más causas que pasajeros el Titanic, todavía no ha pisado la cárcel, y se debate con dureza si su esposa, la infanta Cristiana, socia de una de las principales empresas implicadas en la descomunal estafa, debe ser juzgada o no, cuando todo el mundo sabe que si no fuera hija de Juan Carlos de Borbón los jueces no habrían dudado ni un segundo en imputarla.

Creíble, dado que el Rey, durante la más dura crisis de su amado país, se dedicaba a fornicar fuera del matrimonio con una supuesta noble que vivía a gastos pagados en terrenos de la Casa Real (pagados por los españoles) y se gastaba una fortuna matando elefantes indefensos con un tiro en la cabeza a corta distancia (y luego se lesionaba y requería una planta entera de un hospital público para pasar por quirófano).

Es razonable teniendo en cuenta que en España el caso Gürthel no se acaba nunca, la derecha mediática acosa y derriba a la Ada Colau, la mujer que más ha dado la cara por el derecho a una vivienda digna, y el candidato del PP, Arias Cañete, insultaba en televisión a todas las mujeres poniendo en tela de juicio su nivel intelectual. Manda cojones: Ada Colau deja su puesto y Cañete ganará las elecciones a Europa, porque los españoles son así. La mayoría no irá a votar, excepto los fanáticos beatos del PP, a pesar de que hoy por hoy las decisiones tomadas en Bruselas condicionan cualquier acción de gobierno de un país miembro de la UE.

Aquí no pasa nada porque Catalunya y Madrid rivalizan en recortar en sanidad y educación y, para taparlo, crean el cisma social por el derecho a decidir si Catalunya puede ser independiente o no, cuando de antemano saben que la respuesta es no.

Tres working men currando a destajo.
No llama la atención, en fin, que el Barça se hunda y los responsables se mofen del público en el país en el que se condena a un juez por enviar a la cárcel al corrupto Blesa. Igual parece frívola la comparación, pero todo tiene que ver.

Los barcelonistas esperaban ahogar sus penas en las mieles del triunfo, mientras Messi, recién renovado para cobrar más que nadie en el mundo, andaba tranquilamente por el césped y sus compañeros comentaban que estaría bien repetir al día siguiente un asado como el de la semana pasada o, quizá, tomar un vuelo privado hacia una isla privada.

La realidad espera al futbolero y al antifútbol el lunes, agazapada en forma de empleo precario o de la rémora del paro. La cola frente al centro de salud o el fracaso escolar también seguirán ahí.


La culpa es vuestra por atreveros a vivir en España y no tener un buen enchufe.

Felicidades Atlético. Españoles, os (me) acompaño en el sentimiento.

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