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El cuaderno de Sara: entre el documental y lo tintinesco

La sala desierta. El viernes, noche del estreno. Una supreproducción española a priori de aventuras y con el aliciente de retratar la ayuda humanitaria en el centro de África. Belén Rueda tal vez no esté tan de moda como años atrás, pero nadie tiene motivos para quejarse de sus últimas actuaciones tampoco. ¿Por qué no hay nadie más en la sala? Ni idea. He leído críticas entusiastas, apañadas, reguleras y muy aciagas. Me preparo, pues, para lo mejor, lo peor… u otra película más. Empieza bien: dinámica, con una atmósfera de mal fario que seguramente se corresponda a la poca esperanza de tanta gente en las zonas convulsas de África.

Proyectos literarios del nuevo curso

La vida se me ha complicado, pero pensándolo bien no es una buena excusa. Escritores los ha habido hasta sin brazos, por tanto, no creo que sea tan raro que un escritor escriba su obra sin tiempo. Ahora tengo algunas cosas claras que nunca antes había tenido, y parece que he sido el último en aprenderlo, pero no me pienso derrumbar pensando en lo imperfecto que soy, porque es una obviedad y no me ayudará a nada. Para este curso la prioridad es una novela nueva. Dicen las malas lenguas que los temas son los de siempre. Reconozco que hay una vuelta al pueblo, pero también creo que no lo planteo así, sin más. Quiero creer que es algo un poco más complejo. Aunque reconozco que no cejaré hasta plasmar mi experiencia vital del autoexilio en una novela. Eso, lo siento, pero no puedo evitarlo.

Empacho de series

A quien le gusta el cine como espectáculo y arte por encima del resto, el ocaso que está viviendo el mundo del celuloide no puede depararle sonrisa alguna. Y lo digo a propósito del contento general que detecto en quienes aseguran que la mayor calidad de las series de televisión compensan el menor calado de las producciones televisivas. Pues malditas sean las series, porque lo uno no puede compensar a lo otro. Nunca. Puede que haya, y los hay, profesionales transversales que lo mismo se embarcan en una serie que una película. Me parece comprensible, pero que nadie olvide que los lenguajes, los códigos y las expectativas son distintas en cine y televisión.

Los desafectos

Todo parece ir bien cuando uno se despreocupa. Pero la calma total suele ser mala consejera. Uno no advierte que la ausencia de vibraciones no es la felicidad, sino lo contrario al amor. Lo más probable es que haya un desafecto en curso. El otro suele no enterarse. Cuando se le notifica, o lo descubre, qué tragedia, y qué pesado resulta subir con la cruz a cuestas por todas las etapas del duelo incluyendo la negación. Hasta resignarse suele rebelarse. Nadie me puede dejar de querer, es la consigna. Algunos se agazapan en su desafecto hasta que el otro siente igual, pero son los menos. El desafecto suele llegar por sorpresa, aunque haya expertos en anticipar desgracias.

Ante el horror

Antes del atentado de las Ramblas sabíamos que los actos terroristas generan mucho dolor. Pero una cosa es saber algo, y otra muy distinta, interiorizarlo. Al barcelonés de a pie, no a los ricos de Pedralbes ni a los futbolistas del Barça, el tramo de las Ramblas que va desde Canaletes al Liceu le trae recuerdos del día a día. Porque para los ciudadanos de Barcelona ese espacio no es el pretexto turístico para acabar sentado ante una sangría de polvos y una paella precocinada. Y no digamos para los viejos que conocieron unas Ramblas totalmente integradas con Ciutat Vella. La gente que no vive en Barcelona no entiende que cruzamos la Rambla muchas veces al mes, muchísimas al año, y que tenemos asociados a este tramo muchos recuerdos. De entenderlo, nadie escribiría que los terroristas han atentado contra el capitalismo o la globalización representada por un turismo masivo. Por favor, las Ramblas eran de los ciudadanos antes de que pusieran el Burger King o la tienda of...

La ficción es la libertad

Perdonad que insista, pero en el campo de las ideas ir cambiando todo el rato de argumento no me parece una muestra de riqueza. Al contrario. El caso es que hay que separar la parte creativa y literaria de la escritura, y el resto, que es básicamente, todo lo que conforma la puesta en circulación del texto para su lectura. Para lo primero, nada mejor que la ficción. Nado muy a gusto en las aguas imperfectas que voy trazando gracias a lo que capto y querría captar, a lo que otros captan, o lo que no captan. Es mi captura del mundo. Es mi libertad.

De la vida y la muerte

Tantas veces me he caído, y otras tantas me he levantado. Creo que aunque suene ingenuo hay que apelar a la Naturaleza cuando cada día nos ofrece un espectáculo de resurgimiento. Renace la hierba desde el pedregoso manto que parece incapaz de dar vida. Y, sin embargo, de la dureza de la masa inerte brota la vida a cada instante. Hablo de un renacimiento simbólico, claro. Recuperarse de los varapalos de la vida está en el adn de los seres humanos y, seguramente, de cada ser vivo. De lo que quiero hablar es de la incesante renovación en el espíritu y, más tarde (sin viceversa), en el pensamiento.