viernes, 4 de septiembre de 2015

El desastre (de) De Gea

Hay más leña de la que arde en este esperpento que está ocupando las charlas de todos los bares de España y de más de la mitad de los pubs ingleses.

Habrá quién no sepa cómo le llaman al Ministro de Justicia, pero no creo que nadie desconozca la historia: El Real Madrid, autoproclamado mejor club del mundo, millonario y estandarte de cierto sector nacionalista español, se deshizo de su portero emblema, Iker Casillas, tras una larguísima agonía de tres años que incendió el ex entrenador blanco Mourinho al sentarlo en el banquillo por motivos personales.

Desterrado Casillas, el Real Madrid incorpora al guardameta del Espanyol para tener dos porteros de solvencia, el internacional costarricense Keylor Navas y el recién incorporado Kiko Casilla (lo del nombre es una ironía del destino).

Todos los veranos, de la mano de su presidente Florentino Pérez, para el que crecen terrenos urbanizables en cualquier punto de Madrid, el club merengue acostumbra a traer uno o dos de los mejores futbolistas del mundo. Es una manera de seguir generando ilusión, de vender camisetas y de desviar la atención hacia los fracasos futbolísticos y sus disputas de salón, que las hay.

El verano de 2015 se presentaba incierto para los aficionados al Real Madrid. Todavía no había terminado el campeonato liguero y ya se anunció el fichaje de un tal Danilo, lateral brasileño. Luego, en agosto ficharon casi en secreto a una supuesta joven perla del Este, Kovacic. Puesto que el equipo de la capital de España tenía sin esos refuerzos una de las mejores plantillas del mundo no habría hecho falta traer a nadie más, pero faltaba el fichaje de la ilusión. Y, contra todo pronóstico, salió a la luz que ese jugador era... ¡otro portero!, David De Gea.

Obviamente no era una prioridad para el Real Madrid, pues ya arrancó la pretemporada con tres porteros (los dos mencionados y el jovencito de turno, Rubén Yáñez). Aparte, De Gea terminaría contrato con el Manchester United en 2016 y si tantas ganas tiene de llegar al club blanco, Florentino sólo tenía que esperar y llevárselo gratis.

Sin embargo, el todopoderoso agente del arquero, Jorge Mendes, pidió permiso a los custodios del Bernabéu para negociar con el Manchester.

Ahí es donde se cruza el entrenador Louis Van Gaal, viejo conocido de la liga española, no demasiado fan del Real Madrid por su militancia en el Barça y menos amigo de Jorge Mendes. En el Manchester no sólo se encarga del aspecto técnico, que es lo normal en los entrenadores de casi todas las ligas europeas, allí es también manager, lo que implica aspectos económicos y funciones de director deportivo, es decir, fichar y vender jugadores. El caso es que Van Gaal consideró a De Gea un jugador imprescindible para un club que la pasada temporada no ganó nada y, ante la presión de su representante, no tuvo más remedio que ponerle un precio y le puso uno bien alto, cuarenta millones de euros (en principio).

David De Gea es probablemente el portero joven con más proyección de Europa, pero además es un gran portero de presente. Sin embargo, en España no hay tradición de gastarse una millonada en guardametas. Aunque ahora se ha puesto de moda tirar la casa por la ventana por los jugadores menos dotados técnicamente y menos veloces del equipo, los defensas centrales, que hasta hace diez o quince años eran las piezas más económicas de los equipos.

Llegaron las vacaciones y De Gea habló con Van Gaal expresándole sus deseos de dejar Manchester, para él una ciudad de pesadilla. No sólo porque su pareja, la cantante Edurne, reside en Madrid (aparte de su familia, sus amigos, etc.), sino porque no ha conseguido habituarse a la ciudad inglesa. Van Gaal, autoritario donde los haya, le dijo que no, que si quería irse, sería pagando la millonada que él impusiera, los cuarenta millones.

A todo esto el Real Madrid, como institución quiso nadar y guardar la ropa. Era Jorge Mendes el que intentaba negociar, pero el club no hizo ningún movimiento oficial. El Manchester United se cerró en banda: no había negociación posible.

De pronto, el día 31 de agosto a las doce del mediodía, Jorge Mendes anunció al Real Madrid que el Manchester United sí quería negociar.

¿Por qué ese cambio de actitud? Aquí algunas claves.

Durante la última semana de agosto la presión sobre De Gea se hizo insoportable hasta que el portero dijo públicamente lo que pensaba. De modo que, una vez abierto el pastel, Louis Van Gaal tuvo que admitir su derrota. En todo ese tiempo, De Gea no había cambiado su opinión e incluso había renunciado a renovar su contrato ganando 270.000 euros por semana, bastante más de lo que le ofrecía el Real Madrid (aunque no iba a pasar hambre, desde luego).

El Real Madrid podría haber pagado la cantidad exigida por el Manchester, habida cuenta que la afición estaba ilusionada con el joven español, pero Keylor Navas no iba a quedarse como segundo portero. O sea, conflicto al canto. Había que buscarle una salida al costarricense. Ante la falta de ofertas consistentes, y a pocos días del cierre del plazo de fichajes, al Real Madrid, o a Jorge Mendes, o a los dos, se le ocurre un trueque con el equipo inglés para abaratar el fichaje de De Gea. Florentino pagaría 25 millones más Keylor Navas.

Al portero centroamericano la idea le pareció una puñalada trapera hasta que supo que el United le doblaba el sueldo. Entonces, dijo que adelante.

Sin embargo, la jornada anterior, la segunda de la Liga, hubo un cambio inesperado. La hinchada merengue se volcó con el portero de Costa Rica y la prensa deportiva se hizo eco de su espectacular estado de forma.

Mientras, en Manchester, los aficionados ingleses empezaban a criticar el poco amor a sus colores de De Gea, en parte porque Louis Van Gaal ya se encargó de apartarlo de las alineaciones acusándole de tener la cabeza en otra parte.

Recordemos: el último día del plazo para fichajes el Manchester United accede a negociar por el traspaso de De Gea.

Llegado el 31 de agosto por la mañana ésta era la situación:

La directiva del Real Madrid se veía obligada, después de un intenso verano repleto de rumores y declaraciones cruzadas y, sobre todo, tras comprometerse con De Gea, a pagar 40 millones por un portero que ya no veía tan necesario, dado que confiaba, más que nunca, en Keylor Navas.

El Manchester United veía con buenos ojos la venta del portero, desprestigiado por su entrenador, y necesitado de dinero, sobre todo tras comprar a un casi desconocido Martial por 80 millones de euros.

Louis Van Gaal era víctima de su orgullo, dado que sabía que su segundo portero era bastante inferior al español, pero se había tomado como un asunto personal su negativa a renovar. O sea, que lo quería vender, pero no del todo.

Rafa Benítez prefería al español, pues parece una apuesta de futuro clara, pero tampoco le parecía mal quedarse con Keylor.

Keylor Navas estaba dispuesto a aceptar la oferta del Manchester United. Allí sería titular casi con toda seguridad y vería sus ingresos multiplicarse.

Al agente de De Gea, y socio del de Keylor, le daba casi lo mismo. Primero, porque con el fichaje sorpresa de Martial ya se había embolsado un pastón. Segundo, porque tanto si fichaba con el Madrid como si renovaba, sacaba taja. Por otra parte, durante el verano había participado en trasacciones valoradas en más de 400 millones de euros. ¿Se iba a dejar la piel por un cachito más?

La afición madridista: gran parte no entendía la operación. Si Keylor Navas era un gran portero y De Gea vendría gratis al siguiente año, ¿para qué tanto lío?

Al final, a las doce de la noche del 31 de agosto de 2015 pasó lo que ocurre con los amantes que ya no se aman, que unos por los otros, nada se consumó.

Misteriosamente, el Real Madrid remite a la Liga los papeles de De Gea... ¡28 minutos tarde! Pero es que el contrato de Keylor Navas no llega al Bernabéu hasta cerca de las once y media de la noche. Entre medio, el Real Madrid llega a enviar el contrato de De Gea sin la firma del jugador y a Keylor Navas se le hace una revisión sorpresa en Madrid.

Posteriormente, Florentino Pérez declaró a la Cadena Ser que el Manchester United retuvo los papeles de los contratos durante ocho horas y no remitió los documentos al Real Madrid hasta las doce y dos minutos, ya pasado el límite legal.

El Manchester United negó lo declarado por el Presidente del Real Madrid, aunque ambas instituciones afirman tener pruebas de que llevan razón, básicamente porque todos los movimientos de transferencias quedan registradas en un programa común. Lo que ya no cuadra es que los dos equipos hicieran los deberes.

Total, como todos saben, De Gea seguirá en el Manchester y Keylor, en el Madrid.

Aparte de buscar a los verdaderos culpables (habrá que esperar a la FIFA, si es que intercede), lo más sangrante de esta chapuza es que el club español estuvo a punto de gastarse 40 millones de euros en un bien que realmente no necesitaba. De hecho, al no conseguir culminar los traspasos no ha habido dimisiones ni disculpas ni nada. Se dice que el guardameta español recibirá, como compensación, 10 millones de euros, lo que supone uno de los negocios más escalofriantemente malversados de la historia de la empresa española.

Otra conclusión: los futbolistas serán millonarios y famosos, y seguramente gozan de muchos privilegios, pero su propio negocio, el fútbol, los considera mercancia. ¿Con qué animo vuelve De Gea a un club que ha rechazado por activa y por pasiva? ¿Con qué ganas se queda Keylor en el club que le quiso utilizar como moneda de cambio?

Luego están los negocios de los vendehumo, los representantes de los jugadores. Ganan millones de euros por reunirse un par de veces y, sobre todo, por enturbiar las relaciones de los futbolistas con sus clubs. Qué duda cabe, a ellos les conviene que cambien de equipo cada temporada.

Pero el drama está, en mi opinión, en la falta de respeto a los socios del Real Madrid que se dejan un porcentaje elevado de sus ingresos en apoyar a un club que los trata como lo que mucha gente considera que son los aficionados al fútbol, verdaderos imbéciles sin criterio.

Si no ruedan cabezas en el club blanco después de esta chapuza, se están burlando en la cara de los socios.

Y por no quedarnos en este caso De Gea, que en unas semanas será una simple anécdota, veamos los ingredientes del fútbol actual: derechos de televisión, merchandising, giras internacionales de los equipos, cotizaciones en Bolsa, representantes de jugadores, millones de euros por temporada, captación de niños del tercer mundo por parte de los clubs grandes, apuestas online, etc, ¿Qué tiene que ver todo esto con el deporte? Y, más importante aún, ¿sigue siendo el fútbol de élite un deporte limpio?

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