jueves, 18 de diciembre de 2014

A un amigo que se fue y no murió en el intento

Morir y nacer; nacer y morir. Así sucesivamente.
La metamorfosis de amigo a conocido es un proceso natural que en algunos seres humanos, pongamos mi caso, produce un agudo malestar.

No debería causar dolor alguno, pues se trata del orden natural de las cosas. En realidad, los ingredientes de la vida mutan continuamente.

Más peligroso es el momento en el que descubrimos realidades estancadas, aparentemente inmutables. Como en los estanques en los que el agua no fluye, los organismos se pudren y el propio agua pierde sus propiedades o, mejor dicho, adquiere otras que le dan ese aspecto putrefacto e insalubre. En realidad, cientos de miles de gérmenes y bacterias se reúnen allí donde creemos que no ocurre nada.


El mismo proceso se aplicaría a las relaciones humanas cuando se quedan en un punto muerto. Mucho mas, cuando las vemos morirse. Esa muerte que se aprecia desde uno de los lados, no necesariamente desde otra perspectiva, es casi siempre el reflejo de un cambio-

Sin embargo, o a pesar de todo, uno no puede evitar sentir cierta nostalgia cuando certifica que un amigo se va para convertirse en un mero conocido.

El pesimismo invade esta nueva mirada hacia una persona que, por fortuna, no depende de mi estado de ánimo para ser feliz ni tan siquiera de mi amistad.

A ciencia cierta, cuando una persona decide conscientemente apartarse de otra, en realidad está haciendo todo lo posible para reconquistar su cota de felicidad, la que cree que le pertenece.

Puede apartarse, también es verdad, para huir de lo que no le gusta y eso no significa que el que fuera amigo, o sea yo, en este caso, sea abominable, sino que simplemente ya no le hace falta para nada. E incluso podría convertirse en una amenaza para su libertad o u obstáculo para conseguir sus metas.

Al final, uno tiene amigos para satisfacer sus necesidades. Este enfoque, a riesgo de parecer materialista, no debe entenderse de un modo frío si entendemos que socializarse, comunicarse, reír, etc. son necesidades también.

Por todo lo anterior, pido un brindis por el amigo que fue y se fue. Y, por supuesto, que le vaya bien, aunque sea a costa de reconocer que a veces puedo resultar nocivo para la salud.

Encima tendré que darle las gracias.

2 comentarios:

CORI dijo...

Joer macho, qué pesimismo.

David Navarro dijo...

Es una forma de verlo :-) No sé, como crítica me parece insuficiente. Si a uno le va mal en algo, ¿por qué tendría que fingir que le va estupendo? Creo que mi reflexión va más allá de si es positivo o negativo... pero respeto tu opinión, claro.

A veces me enfrento a este tipo de textos impopulares porque creo que nunca hay que darle la espalda a los fantasmas de uno. Y en mi caso, la amistad es uno de esos temas espinosos. Si te fijas lo he tratado varias veces en el blog.