domingo, 16 de marzo de 2014

Refurbishing people

A cada cual con lo suyo. Esas tardes en las que pensar en el trabajo te reduce a migajas, hacer equilibrios para quedar con los amigos se te hace cuesta arriba, tu pareja parece hablar un idioma distinto (o no está), y los paseos por el barrio se vuelven repetitivos como la programación de la tele. Esas mañanas, incluso, en las que te levantas y descubres, molesto, que cada una de las cosas que estaban por la noche en el salón siguen en el mismo lugar, pero con un veinte por ciento más de polvo. 

Los sábados, malditos sábados, en los que si no te gusta poner la casa patas arriba para limpiarla, si no quieres conducir hacia el centro comercial y cargar el coche con la compra semanal, sólo te queda apuntarte a una actividad en grupo con gente a la que no conoces, o acudir en pareja al teatro o al cine (¡otra vez!) o, en suma, repasar la agenda del sábado y gastarte una pasta para acabar el día bien.


En todos esos momentos de abatimiento, de desazón, la solución está en comprar. Lo dije: a cada cual con lo suyo. Y es verdad. El que se ha aficionado a la pesca, ahí lo tienes comparando precios de hilos, carretes y otras decenas de miniedades que se utilizan para echar el anzuelo. El cuarentón que no tocaba una bicicleta desde que estrenaron Verano azul y ahora se sabe de memoria cuál es la mejor quija del mercado, el tipo de llanta más resistente a los pinchazos y que, sobre todo, ha descubierto que una bicicleta no es un vehículo que uno compra de una pieza sino un mosaico que cada cual debe de construir para que luzca mejor, siempre mejor.

Tanto los que practican running como los que son hard-gamers de PC saben que lo bueno se paga caro, pero, paradójicamente, hay maneras de ahorrarse unos euros y todas acaban por buscar y rebuscar entre los comercios físicos y los portales online del momento. Los idiotas que todavía salen a correr, no los que practican running, calzan unas zapatillas Adidas o Nike de unos miserables 60 euros. ¡Con ese dinero no tendrían ni para los cordones de unas buenas zapatillas técnicas! Lo mismo que el que juega al ordenador con la tarjeta gráfica de serie, ¡pringado!, o el que usa el ratón en un shooter cuando hay mandos ergonómicos y wireless como los que se utilizan en los campeonatos y en los que, si sabes buscar bien, no tendrías que gastarte más de 100 euros…

Lo suyo, en esta época en la que fluye la información y el que no sabe lo que le conviene es porque es idiota, es comprarse el MP3 Sansa, porque te proporciona más que el iPod Nano pero por menos de treinta euros si optas por un modelo refurbished (reparado y vuelto a poner en circulación). Además, ya te sales de la dictadura de Apple y demuestras tener un montón de personalidad. Luego hay que avanzar por el camino del conocimiento e instalarle el minisistema operativo Rockbox y, por supuesto, elegir unos auriculares semiprofesionales que recojan los matices de los graves de Adelle (esto te lo callas porque ni es soul ni es nada, pero si lo dices tampoco te van a matar… teniendo en cuenta que todo el mundo la compara con Lady Gaga).

¿Y qué me dices del placer que proporciona navegar por esos portales maravillosamente ilustrados que te muestran las tabletas chinas más competitivas? Por lo menos te ahorras veinte euros con respecto a los borregos que van a la Fnac y se compran la tablet de oferta, la que tú sabes que fabrica una marca competente, no muy buena, pero por treinta o cuarenta euros más que la de la marca blanca.

Claro, que por asuntos de karma mal resueltos, puede que algún día encuentres que tu afán consumista es inviable. Tal vez te ilumine la razón y comprendas que de nada sirve acaparar cosas si luego vas a comprar más cachivaches y nunca vas a disfrutar de los que tienes.

Por otro camino puedes llegar a la misma vía. Los trabajos se acaban y las prestaciones, también.

La vía ideal sería hartarse de comprar por comprar, pero ya estamos en entelequias del tipo: ojalá la gente no fume, no mienta y no vomite en el ascensor. Sabemos que siempre habrá quien haga precisamente lo que se supone que va en contra del sentido común. Y hay quien defiende que la vida sin vicios es una tontería. Pues eso, cada cual con lo suyo.

Independientemente de que no podemos vivir de cara a la galería y de que nunca sabremos cuál es el camino recto lo cierto es que no tenemos fuerza de voluntad y que, en el fondo, no pretendemos cambiar el sistema (es mejor quejarse y seguir tirando).

La única solución es el método David Navarro para consumistas anónimos: buscas tu último capricho durante tanto tiempo libre como tengas y cuando lo encuentras… ¡Zas! No te lo compras. Te das un margen de una semana y si todavía lo quieres, ya te lo comprarás.

Será duro los primeros días. ¿Y si se agota? ¿Y si cambian el precio? ¿Y si… te mueres antes de estrenarlo? Pero la batalla no ha hecho más que empezar. En tus intentos por saber si ha salido a la venta un producto mejor, más exclusivo y más económico (dentro de la alta gama, claro) aparecerán serios competidores y te confundirán hasta que en tu mente se sitúe otro objetivo que adquirir.


Repítase el proceso anterior y paciencia.

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