jueves, 9 de agosto de 2012

Desconfía de los escritores (sobre todo de los flacos)

No le huyas por cabrón, sino por flaco.
La mayoría de los escritores escriben sentados. Es un hecho. Algunos se tumban para dar rienda suelta a su necesidad de contar. En cualquier caso, convendrás conmigo que no es una tarea la suya que comporte mucho esfuerzo físico. Más que cambiar de canal con el mando, pero aun así, se puede decir que escribir es una actividad sedentaria.

Además, los escritores ofician todo el tiempo. Son una especie de drogadictos o de religiosos ultras, que viene a ser lo mismo. Por eso, si un escritor está más de una hora sin hacer nada acabará escribiendo lo que sea.


Deducimos de lo anterior que un escritor que emplea su tiempo libre en un gimnasio sólo puede ser una persona muy equilibrada, o sea todo lo contrario a un escritor, o no dedica gran parte de su tiempo a escribir, con lo que estamos ante un estafador de la pluma.

Puesto que ha quedado claro que un escritor ha de ser, como mínimo, regordete. ¿Qué pinta un muerdebolis o un aplastateclados flaco como un perro en este calórico panorama?

Un consejo: no te fíes de un escritor flaco. Tendrías que revisar los antecedentes familiares y fotos de su infancia. Sólo en el caso de que las imágenes estén plagadas de raspas de sardina puedes bajar la guardia. Tal vez se deba a un defecto genético.

Del buen escritor, pues, debes esperar que esté entrado en carnes. Que esté medio loco, también. Y a poder ser que no le guste demasiado trabajar.

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