Ir al contenido principal

Raval 3

Está a punto de acabar mi experiencia educativa en el Raval de Barcelona. Al menos, la de este año.

Me había quedado en lo positivo del Milà i Fontanals. Pues bien, después de un breve tiempo la profesora titular me quitó de enmedio a punto de Semana Santa por un motivo "ético" (cito textualmente): irse de vacaciones.

Tanto me dolió que la fortuna quiso que me llamaran para el otro instituto del Raval, el Miquel Tarradell (ya es casualidad). Mi primera impresión fue tan adrenalítica que estuve toda la tarde sentado en el sofá mirando el televisor apagado. Imaginaos: un instituto antiguo en obras, compartido con un colegio de primaria, con rumores de cambios en la dirección y con una falta de disciplina entre los alumnos que ya me golpeó en la frente el primer día.

Ahora se acerca el final de este período y tengo que decir que las he pasado canutas. Eso estaba cantado. Sobre todo, he sentido pena. La pena de ver a uno críos jugando a ser mayores con actitudes chulescas, o simplemente, pasando de todo. Son inmunes a los castigos, amenazas y expulsiones. Y yo no voy a poder cambiarlos.

Sin embargo, de vez en cuando les llegas al corazón, como uno de los primeros días que me tocaba vigilar el patio y me atreví a jugar al fútbol con ellos. Ni que decir tiene que aquello parecía una batalla en vez de un partido amistoso. ¡Menos mal que metí un gol! Yo creo que muchos me vieron con mejores ojos, porque no hay que olvidar que al profesor titular lo erosionan, pero al sustituto se lo intentan merendar.

No he perdido oportunidad de hablar a solas con las más conflictivos, para tratar de enseñarles lo fácil que es mantener unas formas, por su propio bien, sin entrar en diatribas morales. ¿Queréis pragmatismo e inmediatez? Pues toma: si no te comportas como una persona educada, te vas al fondo de este mundo injusto e insolidario.

Por encima de enseñarles inglés, por encima de preparar estudiantes, sigo convencido en que mi especialidad será moldear personas. Y de paso aprendo yo también a ser más tolerante y a tomarme la vida menos en serio. El otro día, un boliviano muy gracioso, de apenas metro y medio, mofletudo, me dijo que había hecho el examen "a la suerte". Sonreía feliz, mientras yo le pedía que me diera un abrazo. Es cierto que sin esta anécdota la impresión que doy es de que todos los alumnos del Raval son iguales. Ni hablar. Lo que pasa es que los centros educativos se crean famas y de ese prejuicio depende que vengan alumnos con perspectivas de evolucionar felizmente o chiquillos que no quieren ni en su casa, o al menos que no pueden quererlos como merecen.

Creo en el cariño como mejor receta infantil, incluso antes de la disciplina severa y recta. Pero lo uno sin lo otro tiene el final asegurado.

Moraleja: final feliz para mí. Y si algún día escucho que algunos de los alumnos teóricamente difíciles de salvar no sólo han tirado "palante" sino que son felices, entonces me adjudicaré mi granito de arena, que apenas pesa, pero llena que da gusto.

Hay que quererse, ¡joroba!

Comentarios

Entradas populares de este blog

GTA V no es un juego para niños

He sido monaguillo antes que fraile. Es decir, he pasado por una redacción de una revista de videojuegos y desde hace más de cinco años me dedico a la docencia. De hecho, cuando nuestro Gobierno y la molt honorable Generalitat quieran, regresaré a los institutos y me dedicaré, primero, a educar a los alumnos y, en segundo lugar, a enseñarles inglés. Por este orden.

Calculo que más de la mitad de mis alumnos de ESO (de 12 a 16 años) juegan a videojuegos con consolas de última generación, esto es, PlayStation 3 y Xbox 360 (dentro de unos meses, esta información quedará obsoleta: hay dos nuevas consolas a la vista).

Deduzco, a su vez, que de este alto porcentaje de estudiantes, la mayoría, y no sólo los niños, querrá hacerse con el último título de la saga GTA: la tan esperada quinta parte.

Empleados más puteados del mes (Cash Converters)

Es una franquicia que no ha dejado de crecer con la crisis. Sin embargo, y a pesar de abrir nuevos locales, todo apunta a que les va fatal.

Lo primero que percibes es que los empleados no cobran incentivos por vender más, o si los reciben, son de pena. Haz la prueba. Intenta entrar cuando quedan diez minutos para el cierre. De repente, todos desaparecen hasta que a menos ocho minutos una voz cavernosa te invita a marcharte. Inmediatamente, la persiana cae como si fuera confeti.

Luego está el mal rollo entre ellos. El otro día un señor me atiende en la zona en la que te compran los productos, bastante sórdida siempre, y llegan dos compañeros con un avioncito teledirigido. Poco más y se los come. Delante de mí y sin reparos, les echó una bronca de mil demonios.

Aciago pronóstico para un posible rapto

Si no fuera un drama amargo, estaríamos ante un apasionante caso de misterio. Me refiero, claro, a la desaparición del niño Gabriel Cruz en las Hortichuelas, pedanía de Níjar (Almería). Por desgracia, si bien los elementos de esta historia (recordemos, real) son un desafío para los investigadores, se dan bastantes circunstancias que apuntan a un desenlace trágico. En primer lugar, llevan ya muchos días y el tiempo es un factor en contra de los casos de desapariciones. Luego está el motivo de la desaparición. Si fuera un rapto, habrían contactado con la familia para pedir dinero. Queda la esperanza de que en realidad sí que hayan intentado el contacto, pero la previsible avalancha de informaciones falsas de buena o mala fe lo hayan impedido.
Descartemos que la familia esté en conversaciones con los raptores, puesto que no han dejado ni un momento de realizar batidas por los alrededores.