Ir al contenido principal

Mi abuelo (fragmento sobre una biografía)

A continuación, un fragmento sobre un proyecto que me atrae mucho escribir, pero que podría ser uno de los más complicados que he abarcado nunca.

Contar la vida de alguien que ha muerto, cuyos amigos y antecesores han fallecido también, y que no dejó ni un solo documento escrito puede ser una tarea ardua. Rastrear en la memoria de unos pocos descendientes y en la de uno mismo puede ser un ejercicio literario tan hermoso como engañino. Las peores mentiras son las que uno mismo no quiere desvelar.

No se me ocurre otro homenaje que intentar escribir el texto.

Éste es un fragmento del segundo capítulo:

Sin duda, el servicio militar te forjó y nunca te escuché decir, como muchos otros hombres, que fuera una pérdida de tiempo. A fin de cuentas, eran años de durísima posguerra en la década de los cuarenta. El verdadero infierno no estaba en los cuarteles ni en las emboscadas de los maquis, sino en el día a día de los poblados donde escaseaban los alimentos, máxime si las cartillas de racionamiento no servían para nada al no haber tiendas en las que comprar.

Con todo, había algo para los que no podían recordar otro régimen anterior al de Franco que se había inoculado en sus venas y para el que todo el tiempo del mundo no podía ofrecer cura. El franquismo lastró a varias generaciones pero sobre todo para los nacidos en las tres primeras décadas del siglo XX. A los que no se llevó por delante la guerra y sus consecuencias, la falta de libertad y el miedo a la represión los marcó de por vida.

Toda la vida anduviste con precauciones, con más miedo a la autoridad que a los malhechores. Por una parte, como últimamente no podías incumplir la ley a sabiendas, tenías la seguridad de ser un buen ciudadano y, no hay mal que por bien no venga, podías irte a dormir con la conciencia tranquila.


 



Comentarios

Entradas populares de este blog

GTA V no es un juego para niños

He sido monaguillo antes que fraile. Es decir, he pasado por una redacción de una revista de videojuegos y desde hace más de cinco años me dedico a la docencia. De hecho, cuando nuestro Gobierno y la molt honorable Generalitat quieran, regresaré a los institutos y me dedicaré, primero, a educar a los alumnos y, en segundo lugar, a enseñarles inglés. Por este orden.

Calculo que más de la mitad de mis alumnos de ESO (de 12 a 16 años) juegan a videojuegos con consolas de última generación, esto es, PlayStation 3 y Xbox 360 (dentro de unos meses, esta información quedará obsoleta: hay dos nuevas consolas a la vista).

Deduzco, a su vez, que de este alto porcentaje de estudiantes, la mayoría, y no sólo los niños, querrá hacerse con el último título de la saga GTA: la tan esperada quinta parte.

Empleados más puteados del mes (Cash Converters)

Es una franquicia que no ha dejado de crecer con la crisis. Sin embargo, y a pesar de abrir nuevos locales, todo apunta a que les va fatal.

Lo primero que percibes es que los empleados no cobran incentivos por vender más, o si los reciben, son de pena. Haz la prueba. Intenta entrar cuando quedan diez minutos para el cierre. De repente, todos desaparecen hasta que a menos ocho minutos una voz cavernosa te invita a marcharte. Inmediatamente, la persiana cae como si fuera confeti.

Luego está el mal rollo entre ellos. El otro día un señor me atiende en la zona en la que te compran los productos, bastante sórdida siempre, y llegan dos compañeros con un avioncito teledirigido. Poco más y se los come. Delante de mí y sin reparos, les echó una bronca de mil demonios.

Aciago pronóstico para un posible rapto

Si no fuera un drama amargo, estaríamos ante un apasionante caso de misterio. Me refiero, claro, a la desaparición del niño Gabriel Cruz en las Hortichuelas, pedanía de Níjar (Almería). Por desgracia, si bien los elementos de esta historia (recordemos, real) son un desafío para los investigadores, se dan bastantes circunstancias que apuntan a un desenlace trágico. En primer lugar, llevan ya muchos días y el tiempo es un factor en contra de los casos de desapariciones. Luego está el motivo de la desaparición. Si fuera un rapto, habrían contactado con la familia para pedir dinero. Queda la esperanza de que en realidad sí que hayan intentado el contacto, pero la previsible avalancha de informaciones falsas de buena o mala fe lo hayan impedido.
Descartemos que la familia esté en conversaciones con los raptores, puesto que no han dejado ni un momento de realizar batidas por los alrededores.