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Nietos, buscadme en la sección de congelados

Según las últimas informaciones que he podido recabar de Internet, apenas llegan a 200 el número de personas criogenizadas a la espera de que la tecnología del futuro los devuelva a la vida.

Al parecer, los precios rondan los 12.000 euros, aunque depende de si los clientes desean congelar sólo la cabeza o el cuerpo. En el contrato prometen hacerse cargo de todos los prepativos, la conservación y la hipotética reanimación.

Claro que sólo algunos afortunados podrán acceder a los servicios de las dos únicas compañías que existen: Alcor y una empresa formada a partir de algunos integrantes de la primera. El motivo es que necesitan iniciar el proceso en cuanto se produce la muerte clínica del paciente. Lo deseable, de hecho, sería (ya sé que suena macabro) que se congelara el cuerpo aún con vida.

¿Y por qué sólo algunos afortunados pueden criogenizar los cuerpos? Pues, porque las instalaciones de las dos empresas están ubicados en los Estados Unidos. Y a menos que poseas un jet privado, es poco probable que sus cadáveres lleguen en buenas condiciones.

Mosquea, además, que en poco tiempo hayan cambiado los métodos de congelación. ¿Y qué pasa con los que lo entraron primero en las cápsulas? Ni idea. Casi mejor no preguntar.

Peor suerte corrieron los clientes que acabaron descongelados por error por culpa de un despiste fatal de una de las empresas que intentaron abrirse camino en el sector a finales del siglo pasado. Como dije al principio, ahora sólo quedan dos y no parece que tengan una lista de espera excesiva. ¿Cuáles son las causas?

Aparte de los motivos religiosos, empiezo a sospechar que la gente se cansa de vivir. No es que pidan la hora para irse de este mundo, pero, ¿quién no ha escuchado a una persona mayor resignarse ante su muerte como quien le toca trabajar en sábado?

Lo cierto es que los científicos no se ponen de acuerdo en si merece la pena pasar por el proceso. Es más: la posible reanimación de los cuerpos congelados dependerá, en parte, de la nanotecnología, que está en constante evolución. Ni siquiera está claro si basta con preservar la cabeza para que se pueda revivir en condiciones.

A mí la muerte me parece la peor de las pesadillas y si algún día me toca la Primitiva (ya hemos quedado en que no me haré rico trabajando) me apuntaré, sin dudarlo, a la criogenización. Aunque, si abriesen un centro en Europa me quedaría algo más tranquilo.

La duda que me asalta ahora es... ¿Y si se va la luz en el centro? ¿Y si algún terrorista coloca una bomba? Y la que más me mortifica: ¿Por qué la gente con mucha pasta se conforma con pasar por el crematorio o acabar jugando a huesos y gusanos?

Ahora más en serio, desconfío del futuro de las personas congeladas. Sin embargo, si tengo dinero y vivo lo suficiente, a no ser que me ilumine Dios y crea en la vida eterna, preferiré esta opción a un coche deportivo. Para tu información, hay muchas webs al respecto, pero ésta resume los procesos de manera muy didáctica.

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