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Decepcionado, en general

Como el gato que fue a buscar amigos y cayó en una jaula de perros. Como la lluvia que regó el desierto. Como un rayo de luz en mitad de una tormenta. Como la luna que quiere brillar en pleno día. Pensaba que era una buena persona, un tío memorable, y quise tener amigos a la par de esa imagen. Cuando me quedé solo, descubrí que era bastante más mediocre de lo que pensaba. Pero ya era tarde. La soledad no es un estado. Es un agujero en el alma.

Cara a cara con el abismo

Descarto la nostalgia de los días pasados cuando me asomaba al vacío, pero no era tal vacío, porque vislumbraba un puente con rumbo a los proyectos que en aquel momento me hacían sentir vivo. Sentirse vivo entraña temer a la muerte. Entonces la vida no se vivía conscientemente. Por supuesto que se vivía el presente, pero era como respirar. No le dábamos importancia. Al salir por la escalerilla de los veinte años, la vida, lo que nos parecía vital, era conseguir los proyectos. Por aquel entonces pocas cosas parecían imposibles.