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Mostrando las entradas etiquetadas como muerte

La vida real en un estanque

Tantas veces, de jóvenes, nos arriesgamos la vida porque sí, y por suerte no sucedió nada. No fui de los que se bebió la juventud con una sed vampírica, pero más de una vez pude haberme quedado en alguna cuneta y mi muerte no habría sido nada heroica ni habría servido para nada. Sin embargo, habría dejado una huella de dolor indeleble en mi familia y en algunos amigos. La muerte de un joven parece un atentado contra la vida, cuando en realidad deberíamos pensar lo mismo de cada muerte. Pero qué dolor más distinto acarrea superar la muerte de un anciano, que se acepta con resignación, a la de alguien que todavía no ha tenido tiempo de ponerse a prueba ni de poner a prueba todo el esmero que han puesto sus padres en educarlo.

Detente, muerte

Que alguien detenga este desfile interminable de muertos. Todavía no me hago a la idea de que se hayan ido José Luis Borau, Fernando Fernán Gómez, Santiago Carrillo, y tantos otros que ya empiezo a perder la cuenta. De golpe y porrazo, Bigas Luna, José Luis Sampedro e incluso una señora que nunca me ha interesado, Sara Montiel, pero que formó parte importante del papel couché durante mi infancia. Además, han muerto Carlos Fuentes, Bebo Baldés y esto ha sucedido cuando todavía no me ha acostumbrado a que nos falten figuras como Paul Newman. Basta ya de genios que nos abandonan. Los personajes pintorescos, que tampoco se vayan.

La tercera vía

Llega un momento en el que el camino recorrido se difumina. ¿Cómo he llegado a ser quién soy? Y no lo recuerdo todo. Hay fases borrosas. Incluso conexiones causales que no consigo unir. De la sucesión cronológica ni hablemos, ¿qué pasó antes? ¿qué después? Así es difícil saber en el momento que se encuentra uno. Al fin y al cabo, es lo que importa. Dónde estamos. En qué momento vivimos. Freudianismo aparte, ¿qué más puede importar? Admito, no obstante, que el subconsciente trabaja en la sombra y que se alimenta del pasado. Quizá en algún lugar recóndito del cerebro haya quedado grabada la secuencia completa con sus consecuencias. ¿Quién dijo qué? ¿Quién disparó primero? Quizá por protección, autoprotección, esté oculto tras una maraña de recuerdos inconexos.

Decepción o mortalidad

Te puedes esperar infinitas posibilidades de la vida, pero detrás de una persona sólo se halla la decepción (sí, aunque sean 100 años de felicidad, luego vendrá la decepción). En realidad, no es exacto llamarle decepción. Al fin y al cabo, uno se decepciona por depositar un exceso de expectativas en seres animados y, a menudo, inteligentes. Y las expectativas se adecúan mejor para los planes, los negocios, los viajes o las adquisiciones. También terminan frustrándose y ocasionando decepciones, pero suelen herir menos que las ocasionadas por personas. Tienen un calado menos profundo. Básicamente porque las personas se defienden aun cuando no se cierne peligro alguno sobre ellas. A veces incluso atacan queriendo amar o no saben medir el alcance de su poder dañino cuando sólo quieren dar una reprimenda, que no es más que exigir amor a cañonazos. Es decir, no es necesario que nada salga mal para que una relación humana se frustre. Es un hecho autónomo en multitud de casos. ...

Cura contra el insomnio garantizada

Al menos a mí me pasa. A la que no duermo bien, me convierto en una especie de cafetera defectuosa llena de ruidos, con una plasta en el cerebro y una avería en el estómago. Respiro peor, pienso más lentamente y me encuentro más irritable. Sin embargo, suele ser un insomnio voluntario. Es decir, la culpa la tengo yo, porque todo el mundo sabe que: