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La sorpresa es sólo mía

En este artículo "Before: ahora". "After: antes". A pesar de que en mis mejores tiempos, aquellos en los que mi cuerpo joven apuntaba buenas hechuras y la mente todavía no se había metido en demasiados laberintos, era un chico que no ligaba demasiado, algo de éxito tuve. Contrario a mis principios de modestia falsa o verdadera, si tengo que ser sincero, para lo que me esforcé en conquistar a las mujeres que me gustaban, fui todo un campeón, porque disfrazaba mi timidez de una chulería de pacotilla (desmontada a la primera conversación) y me limitaba a lanzar miradas o mensajes escritos, si me daba muy fuerte, y luego, a que me las dieran hechas. Fue un periodo adolescente brevísimo, pero que me marcó. ¡Era un tío con futuro! Luego encabalgué con largos noviazgos y pensé que en realidad lo de ligar era un fenómeno natural, más que un proceso, un acto que sucedía. Algo pasivo, como se quejan aún a día de hoy muchos hombres: “es que ellas no hacen nada”. Yo...