Como algunos sabéis, no tengo ni idea ni de micro ni de macroeconomía y, de hecho, soy incapaz de rellenar la declaración de la renta sin ayuda, pero hay algo que sí puedo hacer: usar el sentido común. Y esta vez no es el menos común de los sentidos, porque he tenido como punto de referencia en todo momento el blindaje de las necesidades básicas del más pobre de los ciudadanos. Espero, con mucha curiosidad, las críticas de parte de aquellas personas, que cargadas de conocimientos técnicos sobre finanzas y esa seudociencia que es la economía, vendrán a tumbar una por una todas mis propuestas. Soy consciente de que son vulnerables, pero también sé que en la mayoría de los casos, salvo errores flagrantes que cometa por ser demasiado ingenuo o ignorante, el espíritu de los críticos no tendrá en cuenta los valores en los que baso estas trece reglas: la igualdad de oportunidades para todo el mundo y la protección de los estratos sociales más débiles. Así que cualquier razonamien...
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