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En defensa de David Navarro, el defensa

Más adelante, cuelgo el vídeo. Veréis que la foto es engañosa.
David Navarro, que no es familiar mío y es un futbolista que ni siquiera me parece reseñable, está marcado por la prensa desde el día, hace ya unos añitos, que en una tangana, en competición europea, le dio un puñetazo cobarde a un rival. Luego salió corriendo perseguido por medio equipo contrario.

Pagó. Y creo que bien. Seis meses sin jugar. Y adiós a su equipo de toda la vida, el Valencia.

La semana pasada, el defensa, ahora del Levante, como el resto de la zaga jugó al límite durante todo el encuentro contra el Real Madrid. Y, como consecuencia de esa actitud agresiva, se produjo un lance mil veces repetido en televisión y que todo el mundo, excepto un servidor, parece ver de una maldad diabólica. O algo similar.



En la jugada en cuestión hay un balón que sobrevuela el área levantinista a unos tres metros de altura y bajando. Van tres jugadores a interceptar la pelota. Dos defensas del Levante, que saltan, uno detrás del otro, de manera que David Navarro choca contra su compañero, que es el que rechaza la pelota de la cabeza. En clara desventaja, se aproxima Cristiano Ronaldo que recibe el impacto del codo de David Navarro.

A saber:

El codo va al rostro de Cristiano Ronaldo como la cabeza del luso va a la extremidad de David Navarro. ¿Codo contra ceja? Gana codo siempre.

David Navarro mira la pelota durante todo momento. Es imposible que prevea el movimiento de Cristiano Ronaldo. Por supuesto que intenta ganar ventaja con el codo, pero de ahí a que sepa que le va a abrir la ceja a Cristiano dista un abismo.

La jugada sucede tan rápidamente que el portugués se pasa de frenada y cuando recibe el codazo tiene que valerse del tronco de David Navarro utilizando los brazos para detenerse.

Ahora bien, David Navarro es muy bruto. Suele saltar con el codo por delante. Entra con los dos pies al unísono. Etcétera. Pero el que tiene que juzgarlo es el árbitro. Falta. Tarjeta amarilla. O Roja. Punto.

Aquí lo que ha pasado es que la sangre es muy escandalosa, el portugués, una superestrella intocable y el valenciano, un jugador estigmatizado por su cobarde acción de hace tanto tiempo que me extraña que las vedettes del nuevo periodismo deportivo se acuerden.

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