Ir al contenido principal

Hoy soy menos valenciano

No es necesario que se me hagan las tantas de la madrugada para enterarme de los datos finales de las elecciones autonómicas. Ya sé que los valencianos han dado carta blanca a la corrupción de Camps y los suyos. Un premio multimillonario para los que se han burlado de los principios de la democracia aprovechando sus costuras más siniestras.

Han vencido los que hacen la trampa antes de aprobar la ley. Pero también ha triunfado la voluntad del pueblo.

Durante la semana que viene tendré que agachar la cabeza cuando alguien comente la enésima victoria de Camps. Seguiré diciendo que estos resultados no significan que los valencianos sean estúpidos ni neofranquistas ni nada de eso. Lo seguiré achacando a la escasa implicación política de un pueblo acostumbrado a la servidumbre, desprovisto de su autoestima, carente de la dignidad necesaria para considerarse protagonista de su destino.

Lo que desconozco es cuánto tiempo me va a durar este discurso. Sencillamente, que el PP valenciano, a pesar de colar el récord de imputados en sus listas, a pesar de la probada red de corrupción, mejore sus resultados electorales es... ¿Una mala pesadilla?

Por mi condición de demócrata convencido (de que los demás sistemas son aún peores) soy incapaz de cuestionar la validez del voto de los valencianos. Por ahí no pienso pasar. Sin embargo, sí que considero que la oposición al PP, principalmente el PSV, debería recoger sus maletines y dedicarse a otra cosa.

Que sigan siendo políticos los del PSV si es lo que desean, pero lejos de la Comunitat Valenciana. Por favor.

Por cierto, que nadie espere que me avergüence de ser valenciano. Si acaso les tendría que dar vergüenza a los corruptos.

En cuanto a los votantes del PP, cuando los tribunales empiecen a demostrar hasta qué punto están embarrados, sinceramente... no me gustaría estar en su pellejo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ada Colau, o la esperanza

La posmodernidad nos ha traído la ilusión de democracia universal, la hermandad tecnológica y la supresión de autoritarismos. También ha ayudado a que el cinismo se practique con normalidad y que cada cual pueda decir la idiotez que le dé la gana sin aportar pruebas, Ante tal profusión de idiotas opinadores, yo no voy a ser menos. Sostengo que Ada Colau, como Carmena en Madrid, es la esperanza de la democracia. Ante el político de carrera, el que no repite traje, el que gasta camisas de seda caras, el que vuela en Business, el que coloca a sus familiares y amigos, el que no ha trabajado en un curro precario en su vida, reivindico a la persona que se ha peleado en el barro de las injusticias sociales sin esperar prebendas y que tarde o temprano ha dado el paso a la primera línea política para cambiar las cosas. Ada Colau no tiene una carrera de jueza implacable ni se jugó el tipo ya desde la transición para combatir los penúltimos vestigios del franquismo. Y no lo hizo porque...

La noche que la tele nos puso mirando a Cuenca (1)

El pasado 23 de febrero España volvió a estar más unida que nunca tras la primera victoria en la Eurocopa de 2008 (los dos triunfos posteriores pillaron a los nacionalistas en guardia y hubo quién no lo festejó). Y esta añorada España (por algunos) lo hizo, cómo no, frente a la tele. Fue también un 23 de febrero, en 1981, cuando el golpe de estado más chapucero de Europa y, probablemente, uno de los más rocambolescos del mundo, convocó a todos los españoles. Y de nuevo la televisión funcionó como catalizador, aunque primero fue la radio y la memoria me ha jugado una mala pasada (rectificación hecha).

GTA V no es un juego para niños

He sido monaguillo antes que fraile. Es decir, he pasado por una redacción de una revista de videojuegos y desde hace más de cinco años me dedico a la docencia. De hecho, cuando nuestro Gobierno y la molt honorable Generalitat quieran, regresaré a los institutos y me dedicaré, primero, a educar a los alumnos y, en segundo lugar, a enseñarles inglés. Por este orden. Calculo que más de la mitad de mis alumnos de ESO (de 12 a 16 años) juegan a videojuegos con consolas de última generación, esto es, PlayStation 3 y Xbox 360 (dentro de unos meses, esta información quedará obsoleta: hay dos nuevas consolas a la vista). Deduzco, a su vez, que de este alto porcentaje de estudiantes, la mayoría, y no sólo los niños, querrá hacerse con el último título de la saga GTA: la tan esperada quinta parte.