En mi experiencia como profesor de secundaria sólo he visto signos de preocupación en la cara del tutor, contagiados luego a otros miembros de la plantilla, cuando han percibido que un alumno no era feliz todo el tiempo. Es que Fulanito lleva una semana sin sonreír apenas, en el patio no juega con los demás niños, en el grupo le han dado de lado y, lo que es más grave, el otro día respondió muy mal, con agresividad fiera, a la provocación de otro alumno.
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